Los tantos nosotros

by luisvicentedeaguinaga

(Este artículo se publicó en la revista Crítica, núm. 154, mayo-junio de 2013, pp. 163-165.)

En la colección Clásicos Jaliscienses han aparecido antologías y compilaciones de Paula Alcocer, Carmen Villoro, Ricardo Yáñez, Raúl Bañuelos y Jorge Esquinca, entre otros poetas. Tratándose, como se trata, de libros de considerable grosor, formato generoso y encuadernación de pastas duras, amén de una fotografía del autor y un prólogo que sitúa la obra en el contexto que le corresponde, lo normal es pensar que la más reciente publicación de Luis Armenta Malpica ─aparecida en esta misma colección─ es cualquiera de las dos cosas: un extracto selectivo de libros ya publicados o una reedición integral de poemarios anteriores. Envés del agua, sin embargo, no es antología ni compilación: es un libro extenso, ambicioso y original, algunos de cuyos apartados (tres de un total de seis) ya se habían editado antes como poemarios autónomos.

Terramar (1999), Cuerpo+después (2010) y Götterdämmerung (2011) son los poemarios antes referidos que ahora, en Envés del agua, constituyen los apartados cuarto, tercero y primero, respectivamente. Una lectura minuciosa revelaría, sin duda, en qué han sido alterados, corregidos o acortados para cumplir con este nuevo destino. Valga decir, por ahora, que los tres convienen a la perfección al plan general del volumen, que intentaré describir a grandes rasgos.

Los lectores atentos de Armenta Malpica verán en Envés del agua una suerte de quintaesencia de casi veinte años de creación poética. Con todo, Luis Alberto Arellano destaca en el prólogo tres novedades o, en sus palabras, “tres temáticas no tratadas antes” por el autor de Voluntad de la luz, a saber: el paralelismo entre mortalidad y pérdida de la vista, el deseo corporal entendido como vía de purificación y la reelaboración de ciertos mitos judeocristianos, en particular aquellos asociados a la creación de la pareja humana y la expulsión del Paraíso. Convengo en el primer punto y me atrevo a disentir en el resto: lejos de aparecer hoy como novedades en la poesía de Armenta Malpica, el replanteamiento del génesis bíblico y la especial atención espiritual depositada en la consumación erótica son rasgos distintivos de Armenta Malpica desde los tiempos de su primer libro publicado, es decir: desde 1996.

Arellano acierta, como he dicho, al subrayar la importancia de un tema, el de la debilidad visual progresiva, ya colindante con la ceguera, en Envés del agua. Se trata, sin ir más lejos, del tema principal de Götterdämmerung, primer capítulo del volumen. El dios cuyo declive o crepúsculo se anuncia en el título de la sección, con reminiscencias de Wagner y Visconti, es el padre del poeta, y la pérdida gradual de la visión aparece como símbolo de una muerte siempre inminente. Cabe decir, pues, que Armenta Malpica incrusta el tema de la ceguera parcial dentro de otro tema más amplio, el de la enfermedad y agonía del padre (“No se ha muerto mi padre / pero casi”), asignándole una función específica en su propia novela familiar, para decirlo con Freud. El poeta se va quedando ciego a medida que toma conciencia de la enfermedad y agonía del padre, dios falible por definición, víctima de “sus costumbres / tan dulces y dañinas”. Y si bien la luz es una metáfora bastante común de la vida, en este caso la inminencia de la propia ceguera es metáfora de la inminencia de la muerte ajena.

En el párrafo anterior eché mano de la noción psicoanalítica de novela familiar. Mi propósito, desde luego, es más hermenéutico que terapéutico, y en realidad estoy dispuesto a canjear de inmediato ese concepto por el de mitología familiar. Armenta, en efecto, ha creado (y, por lo que puede conjeturarse, seguirá creando) una mitología familiar en el sentido más estricto de la palabra: una mitología que atañe a padres, abuelos y hermanos, dotada de un dios y un génesis propios, con héroes y demonios, con leyes y transgresiones, con ciudades por fundar y territorios ancestrales. Sólo en otro poeta de su generación creo percibir un empeño parecido por elaborar esta clase de memoria cosmogónica. Me refiero a Jorge Fernández Granados. Pero en Fernández Granados el espíritu clásico prevalece tanto como en Armenta predomina el espíritu vanguardista. Esta diferencia conduce a temperamentos de signo muy diverso: grosso modo, Fernández Granados parece un hombre grave y un tanto melancólico, mientras que Armenta Malpica se deja guiar (incluso en los momentos de mayor circunspección) por cierto instinto de innovación verbal, juego y desmontaje lingüístico. No digo, por supuesto, que la poesía de Armenta Malpica sea humorística, pero sí anoto que su espíritu corresponde al scherzo más que al maestoso. Con frecuencia, por ejemplo, Armenta Malpica recurre a neologismos y experimentaciones tipográficas que a veces lo acercan a Girondo, a veces a Vallejo, a veces a Montes de Oca y a veces a los neobarrocos del Río de la Plata.

Me importa señalar que la mitología de Armenta Malpica tiene un fuerte trasfondo de religión telúrica. Es acaso en “Ascendencia ─o de la unción de la serpiente”, poema central del apartado Última luz, donde los ecos del más antiguo de todos los cultos (la devoción de la madre Tierra) se alcanzan a oír con mayor nitidez. “El mundo es más viejo que Dios”, afirma el poeta. Después añade: “No hay dioses en el campo. Permanece la tierra, la madre, la gruta que siempre nos aguarda y resarce la sangre”. Y, por si quedaran dudas, narra: “Hubo un tiempo en que la tierra no conoció más que diosas, una diosa: era el sol, la madera, era la mar. Y ante la diosa, los dioses y los hombres se postraron”. En otras palabras, la crisis de la religión patriarcal, manifiesta en la enfermedad y agonía del padre, se resuelve en Envés del agua retrocediendo hacia la omnímoda y arcaica protección de la diosa original.

En este sentido, es la sección final del volumen, titulada Papiro de Derveni, la que completa y redondea el sentido del conjunto. El título del apartado es el mismo que se dio hace medio siglo a unos antiguos fragmentos de papiro encontrados en una excavación en las inmediaciones de Salónica. El papiro de Derveni contiene un comentario griego a ciertos himnos órficos y es el manuscrito más antiguo de la historia europea. En el poemario de Armenta Malpica, la secuencia que lleva ese título, Papiro de Derveni, es, por así decirlo, la más neobarroca o neobarrosa del conjunto, al grado que parece compuesta bajo la tutela de Néstor Perlongher. Orfismo y neobarroco se alían, así, al terminar Envés del agua, y lo que tiene lugar es mucho más que un mero encuentro de lo antiguo con lo moderno. Sucede más bien que, al concluir la lectura, se tiene la convicción de que a lo largo del volumen se han visto las caras el individuo y la muchedumbre, ancestros y descendientes, largas palabras misteriosas y sílabas dispersas, y que por encima de todo han comparecido, como se puede leer en algún texto, “el tú de nuestra infancia / y los tantos nosotros de este cuerpo que miro”.

Luis Armenta Malpica, Envés del agua, prólogo de Luis Alberto Arellano, Guadalajara: Secretaría de Cultura de Jalisco, col. Clásicos Jaliscienses, 2012, 249 pp.

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