Gestación del vacío

by luisvicentedeaguinaga

Quizá el supremo, el solo ejercicio radical del arte sea un ejercicio de retracción. Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad. No es acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

Puesto que imaginar el porvenir es, al menos en mi experiencia, un ejercicio irreprimible, inofensivo y magníficamente divertido, quiero terminar este libro conjeturando el sitio que una futura historia de las ideas reservará —si acaso lo reserva, lo cual supondría ya una conjetura diferente— al problema de la confrontación a veces dialéctica y a veces monológica de lo masculino y lo femenino. El fin de siglo pasado, entendido como un largo y no siempre fabuloso après 68, puso en evidencia dicha confrontación, volviéndola incluso uno de sus temas fundamentales: en ella vino a organizarse, bajo un marco evidente de opresión generalizada, un cúmulo interesantísimo de fuerzas o energías nocionales que marcaron también las preocupaciones de la estética. De los géneros gramático-sexuales, objeto prioritario del feminismo y de los gender studies, un puente fue tendido hacia los géneros de la expresión literaria, cuya especificidad oscilaría —desde Aristóteles, al menos— entre la observación y la preceptiva, esto es: entre la descripción fenomenológica y la exigencia deontológica.

En este contexto, la obra de Juan Goytisolo puede abordarse como el espacio privilegiado y complejo de una múltiple transformación: la de una perspectiva masculina en otra de género femenino, la de una escritura narrativa en otra poética y poemática y, más ampliamente, la de un yo que se pretende objetivo, distante y discreto, en un subjetivo, explícito, implicado en la producción del texto mismo en tanto hecho formal. La transfiguración o deslizamiento del relato en poema se verifica ya en los capítulos finales de Señas de identidad, así como en Reivindicación del conde don Julián, Juan sin Tierra y Makbara. En su primera etapa, esto es: antes de Señas de identidad, las novelas y cuentos de Goytisolo se habían adscrito de manera voluntaria y consciente al realismo que predominaba entonces: el llamado realismo “social” o “crítico”. Y más adelante, después de Makbara, Goytisolo escribió una especie de “trilogía de la identidad”, formada por la novela Paisajes después de la batalla y por dos libros de memorias: Coto vedado y En los reinos de taifa. Dicha trilogía supuso un retorno al relato que, sin embargo, no dio lugar a ensalzamiento alguno de la narración como artificio preferible: Goytisolo, con ella, estableció las nuevas marcas de una vieja imposibilidad. Por más que tratara de lo propio y lo íntimo, lo escrito se orientaría siempre hacia lo ajeno y extraño. Todo relato surgiría entonces de lo incierto y asumiría el destino de ser otro.

LA NOCHE OSCURA

Juan Goytisolo publicó en 1988 Las virtudes del pájaro solitario. Se trata, junto con la novela que vendría enseguida: La cuarentena, de 1991, de su texto más “lírico”. Ya en su título hay una evocación de San Juan de la Cruz o Juan de Yepes, quien escribió quizás —y luego, acosado por la jerarquía religiosa, destruyó por devoración— un tratado sobre Las condiciones del pájaro solitario. En la tercera parte de la novela, cuyas peculiaridades ortográfico-tipográficas en mucho apoyan y conforman el flujo numeroso de la voz, de las voces poliédricas o fragmentarias que ahí se manifiestan, puede leerse un capítulo que da inicio con estas frases:

en una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada, furtiva y exaltada, con mi Canto, desestimaba aljamas, desconocía antros, cifrando en las alhamas mi deleitable Santo de los Santos, oh gloria de la noche luminosa!, gehena del oscuro mediodía!, las almas temerosas hacia él convergían por las calladas vías enjundiosas, por sendas de crudezas y de humores buscaban conmigo la luz negra, el cerco de presuras y de goces, el rayo de tiniebla donde de tal manera se conoce

siga, siga, dijo

(tenía una jeringuilla entre las manos

me acababa de dar una inyección? de qué medicamento o droga se trataba?)[1]

Más que analizar o descomponer el texto, me propongo delimitar un espacio para leerlo. Parto, al decidir lo anterior, de una convicción, a saber: que puedo explicar tal vez cómo entiendo un texto, cómo se incorpora mi comprensión o me incorporo yo en ella mediante la compleja y preciosa operación de la lectura, pero en muy raras ocasiones lo haré sabiendo en qué sitio se realiza dicha incorporación. Luego, precisar desde dónde se lee me parece una etapa indispensable de toda investigación estética.

Mi propósito no habrá de marginar, en su realización, estos apuntes de inicio: primero, que la cita comienza con la transcripción a renglón seguido (¿en prosa?) de una estrofa, el incipit, de la “Noche oscura” de San Juan; segundo, que la voz o instancia enunciadora del fragmento se reserva, en correspondencia con el poema transcrito, el género femenino; tercero, que la cita pasa de una prosodia métricamente regular y una rima consonante —la prosodia y la rima del poema de San Juan— a otra versificación, escansión o fraseo de períodos endecasílabos y heptasílabos (excepción hecha de un período decasílabo: “buscaban conmigo la luz negra”) pero de rimas asonantes y rimas consonantes entremezcladas, y más abajo a una dicción ya en todo prosística y narrativa. Para fines expositivos, cabría manipular el pasaje arriba citado y presentarlo así:

a) Estrofa de San Juan de la Cruz, con metros regulares y rima consonante

en una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada,

oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada,

b) “Estrofa” de Juan Goytisolo, con metros regulares y rimas consonantes y asonantes entremezcladas

furtiva y exaltada,

con mi Canto, desestimaba aljamas,

desconocía antros,

cifrando en las alhamas

mi deleitable Santo de los Santos,

c) “Estrofa” de Juan Goytisolo, con metros variables y rimas consonantes y asonantes entremezcladas, ya inasimilable al esquema de la lira garcilacista

oh gloria de la noche luminosa!,

gehena del oscuro mediodía!,

las almas temerosas

hacia él convergían

por las calladas vías enjundiosas,

por sendas de crudezas y de humores

buscaban conmigo la luz negra,

el cerco de presuras y de goces,

el rayo de tiniebla

donde de tal manera se conoce

d) Intervención de un personaje y acotación de la instancia enunciadora

siga, siga, dijo

(tenía una jeringuilla entre las manos

me acababa de dar una inyección? de qué medicamento o droga se trataba?)

Gisela Henckmann, en el valioso Diccionario de estética de Wolfhart Henckmann y Konrad Lotter, se ocupa de la llamada “estética femenina” y subraya la confluencia del psicoanálisis y la semiótica estructuralista en la écriture féminine de Luce Irigaray, Hélène Cixous y otras autoras.[2] Parece natural que su artículo incluya una mención de “lo femenino”, entendido menos como un estereotipo que como el reverso y contrapeso de los estereotipos dominantes. “En contraposición con los modos fijos de escritura tradicional masculina”, observa Gisela Henckmann, “lo femenino es precisamente lo no definible, lo abierto, el conjunto vacío en la cultura logocéntrica.” La secunda Michèle Ramond al proponer que lo femenino, lejos de ser un elemento indefectible de lo humano como totalidad, es muchas veces lo que falta en el individuo, lo que se vuelve impredecible, discontinuo, retráctil.[3] El engendramiento, la gestación como “poder” y “privilegio” del cuerpo femenino, añade Ramond, tiene un avatar simbólico en la concepción y la creación de las obras artísticas. Lo femenino, así, da lugar (en tanto vacío generativo) a la vida concreta y a sus variantes de tipo estético.

EL TEXTO ME LEE

Quiero evaluar, con lo anterior, la presencia de lo femenino en Las virtudes del pájaro solitario. Si hay una pregunta que aspiro a responder, que aspiro al menos a formular con precisión, es ésta: ¿cuál es el valor profundo, la necesidad razonable de una perspectiva femenina en Las virtudes del pájaro solitario? ¿De dónde, al margen de una evidente asimilación de la palabra mística, proviene tal urgencia de hablar desde lo femenino? En un primer momento, el incipit de la “Noche oscura” representa para el texto de Goytisolo —y desde mi punto de vista— la incidencia de lo ajeno en la configuración del propio discurso. Lo ajeno, si he de ceñirme a los contornos de una civilización y de unos hábitos de representación y discernimiento, es de igual modo lo femenino. Tal vez por ello Mijaíl Bajtín, y esto en varios momentos de su Estética de la creación verbal, evoca la infancia, la relación del niño con su madre y la dinámica previa de la gestación para exponer su teoría del advenimiento de la conciencia personal: “Como el cuerpo se forma inicialmente en el seno (cuerpo) materno”, dice Bajtín, “así la conciencia del ser humano despierta inmersa en la conciencia ajena”.[4] Me parece también que si el cuerpo se forma en otro cuerpo, en un cuerpo que define y contiene, luego éste, por ser eso mismo: un cuerpo, se ha formado por su parte donde sólo un tercer cuerpo habría podido contenerlo: adentro de sí, en un más acá de sus propios límites —que son a la vez, en el espacio de una intensa paradoja, los límites de lo extraño, lo separado, lo otro.

Acaso la misma paradoja sea formulada en otros ámbitos, o acaso en los mismos, nuevamente, por Hélène Cixous. Entrevistada por Mireille Calle-Gruber, para quien Jacques Derrida y Hélène Cixous “comparten la escritura de lo indecidible”, la ensayista o narradora o poeta de Neutre y La jeune née declara: “El texto es mi primer lector”.[5] Convertido en agente, y más todavía: en persona, el texto invierte una polaridad característica de la confrontación u oposición de lo masculino y lo femenino: la polaridad activo/pasivo. “El texto es mi primer lector” quiere decir: antes que ninguna otra persona, que nadie más, el texto me reconoce como entramado, como disposición de signos. Por ello, entre la entidad “autor” y la entidad “texto” se requiere un intermediario que sólo puede ser, manifestarse o encarnarse como acción, como verbo. Ese verbo no existe materialmente, no es una presencia: es el acto que hace de un objeto cualquiera el complemento determinado y específico de una potencialidad subjetiva. Entre un sujeto y un complemento se requiere un espacio que haga las veces de vehículo y de vacío. Si digo: “El texto es mi primer lector”, digo que mi ser de autor propende a un lector que, al hacerse y ordenarse por obra de mi propio comportamiento, se distingue de mí, es otro que yo, me lee, hace de mí un texto que se le asemeja y puede censurarme o enmendarme tanto como yo puedo censurarlo y enmendarlo a él. Un espacio va implícito en mi relación con el texto, y tal espacio es a la vez mi propensión a escribirlo y su disposición de leerme: disposición y propensión que, separando actos y entidades al tiempo que uniéndolos de forma indisoluble, son la escritura.

He aquí el subtítulo que se atribuye por lo regular a la “Noche oscura” de San Juan de la Cruz: “Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual”. Ese “camino” es la via negationis que un poeta muy apreciable, Rafael Cadenas, pone de relieve al ordenar sus Apuntes. Se trata de un procedimiento radical, anota Cadenas, que no es una teología ni puede originar dispositivo teológico alguno. El alma, la “Amada”, se deshace de cuanto define sus contornos, de cuanto la define, y accede así al territorio de la divinidad, al “Amado”:

Desprenderse para ser libre, tal es la exigencia capital de los místicos. Han de romperse las ataduras. El alma debe irse “quitando quereres”, dice bellamente San Juan de la Cruz. Esto en el estadio inicial. Después quien obra es Dios. Lo cual podría decirse de otra manera: que una instancia distinta al yo comienza a operar. El vacío que se hace en el alma desnuda lo ocupa una presencia desconocida. O tal vez el vacío sea esa presencia.[6]

Conviene decir que Juan de Yepes, glosado y transcrito por Cadenas, Goytisolo y José Ángel Valente, se ha convertido con el tiempo en la referencia principal de un grupo de autores al que parece distinguir esa procuración del vacío, búsqueda que se refleja y se desdobla en otra búsqueda o procuración, la de un corresponsal o interlocutor capaz de reconstituir al propio autor. De ahí que Valente distinga entre un lenguaje del apropiarse y otro del desposeerse, y que lo haga valorando el segundo positivamente: “Son distintos los lenguajes o incluso antagónicos”, afirma en sus Notas de un simulador. “El lenguaje de la apropiación o el lenguaje de la desposesión. Del poder o de la libertad. Del ser o del haber.” Y añade, como al margen: “Desposesión: Juan de la Cruz”.[7]

Dicho margen, el de la “desposesión” representada por San Juan, es derivado por Valente hacia una especie de moral de la escritura en cuyos preceptos reaparece la maternidad con sus metáforas. “El poema gestado es el poema natural”, dirá en otra página de las Notas. “El poema sobrecorregido es un producto artificial, como una gestación fuera del útero.” Y anteriormente: “En realidad, el poema no se escribe, se alumbra”.[8] Este alumbramiento natural de lo no escrito, de lo que surge por impulso propio y no por sucesivas correcciones, entronca —ya se ve— con el “desprenderse” de los místicos, y de San Juan de la Cruz en particular, según lo señala Rafael Cadenas. Otro poeta, Juan Gelman, enfrentará en términos de vacío y expulsión una experiencia muy próxima:

Escribe y se expulsa a sí mismo de sí mismo. Entonces son posibles sueños que no soñó y todo lo que habita su vacío: monstruos, ángeles, criaturas que no lo reconocen y él no podrá tocar con las manos cortadas.[9]

GÉNEROS HÍBRIDOS

En el texto de Juan Goytisolo que me interesa comentar, el mismo evacuarse o desalojarse “a sí mismo de sí mismo” se verifica. De género masculino en otras páginas de la novela, el yo que recorre Las virtudes del pájaro solitario es aquí femenino —y esto porque no es un trasunto de San Juan de la Cruz, del personaje histórico, sino del alma del poeta, de su nada. En este sentido, si el pasaje que proviene de San Juan representa una forma de plenitud o perfección que luego, al disolverse o transfigurarse, dará lugar a una encarnación figurativa de lo “indecidible”, de lo “no definible”, puede afirmarse que la cita de la “Noche oscura” pertenece a un género de literatura no sólo diferente, sino en verdad contrapuesto al género en que Juan Goytisolo desarrolla esa transfiguración de su materia prima. Ello introduce aquí el problema de los géneros literarios, y me conduce a postular (con alguna reserva) que Las virtudes del pájaro solitario es, en la tipología elaborada por Gonzalo Sobejano, una “novela poemática”. En palabras del crítico, “[p]oemática sería la novela que tiende a integrar superlativamente un conjunto saturado de las virtudes del texto poético por excelencia: el texto en verso […], en el cual los estratos todos de la obra de arte de lenguaje, desde el sonido al sentido, cumplen un máximo de concentración y perdurabilidad”.[10]

Valga quizá por la “concentración”, pero ¿es la “perdurabilidad” un rasgo que acentúan los textos por un movimiento propio y autónomo, ya más, ya menos, en función de recurrir o no a la versificación? Por otro lado, si el texto en verso es “poético por excelencia”, ¿qué tanto de la excelencia en cuestión opera sobre una base de variables culturales que pueden, justamente, cambiar y modificarse? La doble contextura del género gramático-sexual y del género literario, en mi opinión, puede aclarar en algo estos dilemas. El discurso me impone, al releer la “Noche oscura” de San Juan, el reconocimiento de una voz femenina; la cultura, por su parte, me hace ver en la misma página la transformación de una identidad, la del poeta, que si no es ya masculina, sí parte al menos de una masculinidad previa en el trance de convertirse, de hacerse o dejarse hacer por lo ajeno, por lo desconocido. El poema es también poema en su enunciación literal, y en su nivel discursivo por lo tanto, pero no siempre consigue serlo de veras en la prueba de la confrontación dialógica, de la estricta complicidad estética, el estricto conocimiento, vinculado a lo cultural en su más profunda significación.

Puede afirmarse que la “intromisión” de lo poético —y de la poesía como género literario— es normal hasta cierto punto en Las virtudes del pájaro solitario, tratándose como se trata de una novela y siendo la novela un género mestizo, híbrido, fundamentalmente diverso y heterogéneo. Ello no se aplica, sin embargo, a la situación más o menos análoga de un segundo texto de Goytisolo que lleva un título extenso (“Demos la vuelta de una vez, como a un calcetín, a su miserable discurso”), que fue parte original de Libertad, libertad, libertad y es una parodia o pastiche de artículo científico, de breve conferencia o contribución a una enciclopedia. El cuerpo literal del texto esconde un artículo de opinión que da inicio con estas frases:

Una de las consecuencias de la política de apertura que vive el país desde la muerte del general Franco es la brusca toma de conciencia por parte del público de un conjunto de problemas sociales y humanos que, en razón del rígido sistema de censura que antes soportábamos, permanecían en estado de hibernación, cuidadosamente ocultos. Entre ellos, a causa de su naturaleza particularmente conflictiva, destaca el desafío que hoy plantea la emergencia de la heterosexualidad. Marginales y arrinconados por espacio de siglos, los heterosexuales —cuya particularidad erótica consiste, como su nombre indica, en una conducta sexual orientada hacia un sexo diferente— reclaman hoy, al abrigo de las normas de tolerancia de las modernas sociedades democráticas, el derecho de vivir su específica forma de sexualidad a la luz del día.[11]

Líneas abajo, en el mismo texto, se aboga por un entendimiento amable del “espinosísimo affaire de la heterosexualidad”; se menciona su probada existencia entre los animales, o al menos en determinadas especies; llegan a citarse las costumbres de mayas o egipcios ancestrales, y se dice que “Lévi-Strauss ha descubierto prácticas heterosexuales entre los indios del noroeste del Brasil”. En pocas palabras, nada —como no sea el título mismo del artículo— anticipa o revela una postura del autor que, sin embargo, es fácilmente reconocible. Discurso y cultura, una vez más, confluyen desde ángulos diversos, y lo hacen mostrando los relieves de una doble historicidad: la de los géneros literarios, que obedecen a requerimientos no siempre bien asimilados, por una parte, y la de los hábitos o reflejos interpretativos de todo lector, por la otra. De vuelta en el Diccionario de Henckmann y Lotter, puedo constatar que las nociones de género gramático-sexual (“conductas de rol impuestas socialmente y por tanto cambiantes históricamente”) y de género literario, sobre todo por cuanto se refiere al “condicionamiento histórico” que parece definir a este último, confluyen también y se complementan.[12]

INFRACCIÓN, INSEGURIDAD E INCERTIDUMBRE

En alguna de las muchas y brillantes reseñas que hizo para El hogar entre 1936 y 1940, Jorge Luis Borges apunta: “el género policial, como todos los géneros, vive de la continua y delicada infracción de sus leyes”.[13] De aspecto incidental, este inciso: “como todos los géneros”, puede orientar mis reflexiones. Puede hacerlo también esta segura constatación de Rafael Cadenas: “El poeta moderno habla desde la inseguridad”.[14] O esta de Claudine Bernard, citada por Michèle Ramond: “bajo el signo de la incertidumbre comienza el siglo, que no bajo el de un tranquilo confort”.[15] Subrayo tres palabras: “infracción”, “inseguridad” e “incertidumbre”, y al distinguirlas pongo en relación la modernidad (política o literaria) y la persistencia hegemónica, si bien precaria, de todos los géneros.

Luce López Baralt, en su conferencia titulada “Juan Goytisolo, poeta”, da el tour de force de resaltar, presentándolo incluso en forma de versos, el material poemático —para decirlo con Gonzalo Sobejano— de algunos pasajes de La cuarentena, Las virtudes del pájaro solitario, Makbara, Reivindicación del conde don Julián o Aproximaciones a Gaudí en Capadocia.[16] “Más que prosa poética”, sostiene la profesora López Baralt, “los textos narrativos de Goytisolo encierran auténticos poemas que el lector desgaja de manera instintiva en su proceso de lectura.” Ese arrancar o desgajar el poema del texto novelesco se verifica de manera simultánea y paralela con la irrupción de una expectativa lírica en mí, lector de novelas, provocada por el texto mismo. “El texto es mi primer lector”: su realidad me solicita y me colma, transformándome.

Ocurre lo mismo con la escritura. “La alteración del sujeto en y a través de la escritura es crucial”, en palabras de Brad Epps. “Más crucialmente, en las últimas obras de Juan Goytisolo es mortal”. A lo que agrega: “La vida que se altera, que se hace otra al escribirse, es también aquí la vida que se hace muerte”.[17] En y a través de la escritura, esa “muerte” me parece un extremo de la retracción, vaciado, abandono del yo que algunos poetas —ya se ha visto— juzgan la esencia de su trabajo, de su tarea de gestación y alumbramiento del poema. “Mi intervención en Las virtudes del pájaro solitario”, declaró en 1989 Juan Goytisolo, “fue […] ligera: no la del deus ex machina que se entremete, planea, resuelve, posee sus claves, sino la del escribano, casi un espectador”. Y añadió en párrafo aparte: “Desde hace más de veinte años he aprendido a dejar desenvolver al texto su propia sabiduría, asistir a su crecimiento orgánico”.[18]

El “goce femenino” que llegan a experimentar los autores de sexo masculino, advierte Michèle Ramond, corresponderá “siempre [a] una feminidad fantasmática”.[19] Severo Sarduy lo advierte igualmente al conceptualizar la figura del travesti: “Lacan dirá que se trata de una fantasía si se intenta ser toda la mujer, ya que según él la mujer no existe, justamente, más que por el hecho de no ser ese todo”.[20] Acaso valga más decir que, asumida en cuanto tal, esa fantasía masculina de la feminidad es un deseo de fragmentación, de plenitud contradictoria o paradójica: plenitud por despojo, por desprendimiento. Al hablar de Carajicomedia, el crítico Julio Ortega observará que “el mundo sexual de Goytisolo es […] una transgresión masculina: su relato no es el de la feminidad, sino el de la pansexualidad”.[21]

Lo cierto es que feminidad y pansexualidad, tratándose de Goytisolo, son prácticamente sinónimos. Como quiera que sea, no habría en verdad manera de alcanzar un ideal (el de “feminidad”, por ejemplo) sin postular antes el otro, complementario (el de “pansexualidad”, en este caso). Lo uno se realiza, se hace real por lo otro. Así, en Las virtudes del pájaro solitario se pasa de la unión, de la presencia y la plenitud —orillas alcanzadas en la “Noche oscura” por San Juan de la Cruz— a la separación y la carencia, la diferencia y la división. Pero son estas últimas las que hacen del relato algo posible, algo que no podría transcurrir en el espacio de lo perfecto. En lo perfecto el deseo no tiene sitio, porque desear algo es no tenerlo (y no tenerlo todo, necesitándolo, es desde luego incompatible con la perfección). El deseo y la necesidad van de la mano, y al margen de la necesidad no hay escritura verdadera.

[1] Juan Goytisolo, Las virtudes del pájaro solitario, Madrid: Alfaguara, col. Bolsillo, 1994, p. 135. (Edición original: Seix Barral, 1988.)

[2] G[isela] H[enckmann], “Femenina, estética”, en Wolfhart Henckmann y Konrad Lotter (coords.), Diccionario de estética, trad. de Daniel Gamper y Begonya Sàez, Barcelona: Crítica, col. Crítica / Filosofía, 1998, p. 101.

[3] Michèle Ramond, “Les romans des femmes”, en Annie Bussière-Perrin (coord.), Le roman espagnol actuel, vol. 2: Pratique d’écriture, Montpellier: CERS, col. Études sociocritiques, 2001, pp. 341-346, passim.

[4] Mijaíl M. Bajtín, Yo también soy. Fragmentos sobre el otro, selección, traducción, comentarios y prólogo de Tatiana Bubnova, México: Taurus, col. La huella del otro, 2000, p. 162. (La profesora Bubnova, introductora en México del pensamiento de Bajtín, tradujo la Estética de la creación verbal para Siglo XXI en 1982. Suerte de antología temática, Yo también soy contiene largos pasajes de la citada Estética.)

[5] Hélène Cixous y Mireille Calle-Gruber, Fotos de raíces. Memoria y escritura, traducción de Silvana Rabinovich, México: Taurus, col. La huella del otro, 2001, pp. 172 y 205. (Abundaré con estas líneas de la p. 173, debidas a la propia Hélène Cixous: “El pensamiento de lo indecidible es el pensamiento de tolerancia, el pensamiento no tajante, el pensamiento capaz de concavidad, de ahuecarse para dar lugar a la diferencia”.)

[6] Rafael Cadenas, Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística, en Obra entera.Poesía y prosa (1958-1995), prólogo de José Balza, México: Fondo de Cultura Económica, col. Tierra firme, 2000, p. 678.

[7] José Ángel Valente, Notas de un simulador, Madrid: La Palma, col. Tierra del poeta, 1997, p. 30.

[8] José Ángel Valente, ibidem, p. 21.

[9] Juan Gelman, “El pago”, en Valer la pena, México: Era, col. Biblioteca Era, 2001, p. 119.

[10] Gonzalo Sobejano, “La novela poemática y sus alrededores”, Ínsula, núm. 465-466, julio-agosto de 1985, p. 26.

[11] Juan Goytisolo, Pájaro que ensucia su propio nido, Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2001, p. 120.

[12] Wolfhart Henckmann y Konrad Lotter, Diccionario de estética, op. cit., pp. 101 y 115.

[13] Jorge Luis Borges, “Excellent intentions, de Richard Hull”, en Textos cautivos, Madrid: Alianza, col. El libro de bolsillo, serie Biblioteca Borges, 1998, p. 238.

[14] Rafael Cadenas, Anotaciones, en Obra entera, op. cit., p. 531.

[15] Michèle Ramond, “Les romans des femmes”, art. cit., p. 341. La traducción es mía.

[16] Luce López Baralt, “Juan Goytisolo, poeta”, en Annie Bussière-Perrin (coord.), Rencontre avec / Encuentro con Juan Goytisolo, actas del coloquio internacional de Bédarieux, Montpellier: CERS, 2001, pp. 13-58.

[17] Brad Epps, “Rebelión, resistencia y re-signación en las últimas novelas de Juan Goytisolo”, en Inger Enkvist (coord.), Un círculo de relectores. Jornadas sobre Juan Goytisolo, actas del coloquio internacional de Lund, Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 1999, p. 58.

[18] Juan Goytisolo, carta de introducción a Manuel Ruiz Lagos (ed.), Escritos sobre Juan Goytisolo. Actas del II Seminario Internacional sobre la obra de Juan Goytisolo: “Las virtudes del pájaro solitario”, Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 1990, p. 11.

[19] Michèle Ramond, “Les romans des femmes”, art. cit., p. 342. (La traducción es mía.)

[20] Severo Sarduy, La simulación, en Ensayos generales sobre el barroco, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, col. Tierra firme, 1987, p. 91.

[21] Julio Ortega, “La épica(resca) de la sexualidad”, Babelia, 19 de febrero de 2000, p. 9.

Juan Goytisolo ('El País', 27-02-2008)

(Ayer, a los 86 años, murió Juan Goytisolo en Marrakech. El estudio que publico aquí, en memoria suya, es el quinto capítulo de mi libro Juan Goytisolo: identidad y saber poético.)

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